🧭 Tabla de contenidos
Hay objetos que guardan más que polvo. La cámara que compré en un mercado traía un rollo a medio usar… y fotos que nadie tomó. Esta es la historia de la foto que se tomó sola.
El puesto del mercado
La compré en un mercado de pulgas, entre radios rotos y televisores sin pantalla. Era una cámara analógica vieja, de esas de rollo, con la marca ya borrada por el tiempo. El vendedor, un señor de manos manchadas de revelador, me la vendió barata. Demasiado barata.
“Esa cámara ya tiene dueño, joven”, me dijo sin mirarme. Yo me reí. Él no.
En casa descubrí que traía un rollo a medio usar. Doce fotos por revelar. Doce fotos que yo no había tomado.
El rollo sin revelar
Llevé el rollo a revelar al día siguiente. Cuando me entregaron las fotos, se me heló la sangre.
Las doce fotos mostraban la misma casa. Mi casa. Fotografiada desde la calle, de noche, con la ventana del segundo piso como protagonista.
En la primera foto, la ventana estaba vacía. En la segunda, había una silueta. En la tercera, la silueta estaba más cerca del cristal. En cada foto, un poco más cerca.
Yo nunca había tomado esas fotos. Y lo peor: las fechas impresas al reverso eran de la semana pasada. Días en los que yo estuve en casa. Solo.

La figura de la ventana
En la foto número ocho, la figura ya no estaba en la ventana. Estaba en la puerta de mi casa. En la nueve, dentro de la sala. En la diez, al pie de las escaleras. En la once, frente a mi cuarto.
Cada foto era una advertencia que yo no supe leer a tiempo.
La foto número doce era diferente a todas. No mostraba la casa. Me mostraba a mí. De espaldas, sentado frente a la mesa, revelando unas fotos. Tomada desde dentro de mi cuarto. Detrás de mí.
La última foto
Esa noche no dormí. A las 3:33 de la mañana escuché el sonido que ningún fotógrafo olvida: el clic del obturador.
La cámara estaba en mi cuarto. Sobre la mesa. Sin rollo, sin pilas, sin nadie que la tocara. Y aun así, tomó otra foto. La número trece.
No la he revelado. Está guardada en el cajón de mi mesa de noche. Pero cada noche, a la misma hora, escucho el clic.
Y cada noche, la figura está un poco más cerca.
¿Revisarías tus fotos viejas?
Si te gustó esta historia de terror, cuéntanos en los comentarios: ¿revisarías las fotos viejas de tu casa después de leer esto… o preferirías no saber lo que hay en ellas?
Suscríbete a nuestro canal de YouTube Mundo Paranormal para más historias de terror como esta.
Y si quieres seguir leyendo, no te pierdas La Cinta Número 7, nuestra historia de horror analógico, y las 25 experiencias paranormales reales que no tienen explicación.
También puedes compartir tu experiencia en nuestro foro de Mundo Paranormal.
Descubre más de Mundo Paranormal
Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

