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Hay cintas que nunca debieron grabarse. La número 7 era una de ellas. Esta es una historia de horror analógico sobre lo que pasa cuando una transmisión olvidada encuentra a alguien que la vea… y lo reconoce.
La caja que nadie quería abrir
En el archivo de la televisora local había una caja que nadie quería abrir. Decía, con marcador rojo: NO TRANSMITIR. Adentro había seis cintas numeradas. Y una séptima, sin número, con una etiqueta escrita a mano: “NO LA VEAS SOLA”.
Yo trabajaba el turno de la noche. Era 1994. Las cámaras ya estaban apagadas, el estudio vacío, y solo quedaba el zumbido de los monitores. Puse la cinta número 7 en la videocasetera por curiosidad. Por aburrimiento. Por estupidez.
Al principio era estática. Después apareció un presentador de noticias que yo reconocía: era yo. Más joven. Con el mismo traje que llevaba puesto esa noche.
El boletín que nunca escribí
En la pantalla, yo leía un boletín que nunca escribí.
“Buenas noches. Esta noche, un hombre morirá en esta cabina. No sabemos su nombre. Solo sabemos que está viendo esto en este momento.”
La cámara se acercó a mi rostro en la pantalla. Yo sonreía. Yo, el de la pantalla, miré directo a la cámara y dije: “Ya te vi.”
Apagué la televisión. El estudio quedó en silencio. Entonces escuché, detrás de mí, el sonido de la videocasetera rebobinando sola.
La cinta volvió a empezar.
Esta vez, en la pantalla, el estudio estaba vacío. Solo se veía mi silla. Y en la silla, sentada, había una figura que no era yo. Tenía mi traje. Tenía mi cara. Pero no tenía ojos.
El boletín continuó: “El hombre que estaba viendo esto ya no está. El hombre que ven ahora… soy yo.”
La transmisión final
Yo corrí a la puerta. Estaba cerrada por fuera. En el monitor, la figura se levantó de la silla, caminó hacia la cámara y apagó la transmisión.
La pantalla quedó en negro. Y en el reflejo del monitor, detrás de mí, vi que la silla ya no estaba vacía.
La cinta número 7 sigue en el archivo. A veces, en las noches, alguien la pone sin querer. Si algún día ves un boletín con tu cara leyendo noticias que nunca escribiste… No lo veas solo. Y sobre todo, no le contestes cuando te salude. Porque él ya te vio.
¿Te atreverías a verla?
Si te gustó esta historia de horror analógico, cuéntanos en los comentarios si tú pondrías la cinta número 7… o si la dejarías en la caja para siempre.
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